A finales del año pasado, estudiantes de la Escuela Técnica de la Universidad de Mendoza participaron en el Campamento de Ciencia 2025 junto a especialistas de la CONAE, realizando lanzamientos de cohetes, mediciones ambientales y experiencias científicas en San Rafael.
Del 5 al 8 de diciembre, el departamento de San Rafael se transformó en un laboratorio a cielo abierto para estudiantes de la ETEC-UM. En el marco del Campamento de Ciencia 2025, 17 alumnos de 1° a 5° año, junto a docentes y especialistas de la Comisión Nacional de Actividades Espaciales (CONAE), participaron de una experiencia educativa única vinculada al mundo aeroespacial.
Durante cuatro jornadas intensivas, los estudiantes trabajaron en talleres de cohetería y teledetección, guiados por ingenieros de la CONAE. Allí diseñaron, construyeron y lanzaron cohetes de agua, aplicando conceptos de física e ingeniería en situaciones reales de experimentación.

El campamento también incluyó actividades de trabajo de campo en Valle Grande y Los Reyunos, donde los alumnos realizaron:
- Mediciones de humedad del suelo.
- Observaciones de nubes para comparar los datos obtenidos en terreno con información satelital del proyecto SAOCOM.
De esta manera, pudieron comprender cómo se integran las mediciones terrestres con la tecnología espacial utilizada para estudiar el ambiente.
Además de las actividades científicas, el encuentro promovió el intercambio con escuelas técnicas locales y espacios de integración cultural, como la visita al Laberinto de Borges. Estas instancias permitieron combinar la formación técnica con el conocimiento del patrimonio natural y cultural de la provincia.

El Campamento de Ciencia 2025 representa un paso importante en la formación de nuestros estudiantes, al acercarlos a experiencias reales de investigación y tecnología aeroespacial. La iniciativa fue posible gracias al trabajo conjunto entre la Universidad de Mendoza, la CONAE, el equipo docente, las familias y diversas instituciones que acompañaron el proyecto.
Experiencias como esta, confirman que la educación técnica, cuando se vincula con la ciencia y el territorio, puede inspirar a las nuevas generaciones a mirar más lejos… incluso hacia las estrellas.


